Si hay alguna fuerza capaz de mover montañas, esa es la gratitud. Aunque parezca que «los negocios» no casan con «la gratitud», la gratitud está íntimamente ligada a la ambición, o por lo menos tiene que estarlo.

Hay personas ambiciosas sin escrúpulos que ansían tener más, pero olvidan lo que tienen, y descuidan agradecerlo cegados por el poder. Pero no acostumbran a ser buenos profesionales y su éxito es tan efímero como su honestidad.

Y hay personas ambiciosas que quieren más porque están conectadas con la abundancia y logran prosperidad agradeciendo lo que ya tienen. Son profesionales exitosos en todo lo que hacen.

Cuando agradecemos aquello que poseemos, estamos decretando que queremos más como eso, y el universo nos lo concede. No se trata de brujería, más bien es profesionalidad, de celebrar los éxitos e ignorar los fracasos, consiste en enfocarse en los objetivos.

Cuando aplicamos los principios del desarrollo personal en las reglas del crecimiento profesional, conseguimos los resultados que siempre hemos buscado.